EL ESPIRITU SANTO, UN DON DE DIOS



El Espíritu Santo, un Don de Dios

Según el Catecismo de la Iglesia Católica, el Espíritu Santo es la “Tercera Persona de la Santísima

Trinidad”. Es decir, habiendo un solo Dios, existen en Él tres personas distintas: Padre, Hijo y

Espíritu Santo. Esta verdad ha sido revelada por Jesús en el Evangelio: “... y la esperanza no

avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu

Santo que nos fue dado” (Romanos 5,5).

Se trata de un Don de Dios, que sólo es posible recibir mediante la fe. Debemos creer firmemente

en el poder del Espíritu Santo; un hermano no creyente, no podrá gozar de este Don, sino hasta el

día de su conversión. “Más vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, ya que el Espíritu de

Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo, no le pertenece” (Romanos 8,9).

El Espíritu Santo o el Espíritu de Dios, vino en el día de Pentecostés: cincuenta días después de la

Pascua, en el cual los Apóstoles se transforman en hombres fuertes capaces de proclamar la fe y

difundir el evangelio. Este hecho es narrado por San Lucas en los hechos de los Apóstoles, en los

capítulos 1 y 2. Lo más hermoso es que Jesús nos hace una promesa. Este Don llega a nosotros y

permanece para siempre: “Yo le pediré al Padre y Él les dará otro consolador para que los

acompañe siempre: el espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede aceptar porque no lo ve

ni lo conoce. Pero ustedes sí lo conocen, porque vive con ustedes y estará en ustedes” (Juan 14,

16-17).

Mediante el Sacramento del Bautismo, por el amor y misericordia de Dios, se nos borra nuestro

pecado original y recibimos el Don del Espíritu Santo (Hechos 2,38); pasamos a ser Discípulos de

Cristo con el deber de proclamar el evangelio. En el Sacramento de la Confirmación el Espíritu

Santo es fortalecido en sus Dones.

El Catecismo de la Iglesia Católica, en el número 1830, explica que “La vida moral de los cristianos

está sostenida por los Dones del Espíritu Santo. Estos son disposiciones permanentes que hacen al

hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu Santo”.

Gozamos pues los bautizados en Cristo, de estos siete Dones: Sabiduría, Entendimiento, Consejo,

Ciencia, Piedad, Fortaleza y Temor de Dios. Dones maravillosos que tienen como objetivoutilizarlos para la gloria del Reino de Dios. Lo más perfecto de todo sucede cuando permitimos que

el Espíritu Santo habite en nosotros y nos dejamos guiar por Él. Al momento de evangelizar, es Él

quien actúa en nosotros para reflejar lo que Dios Padre tiene que decirnos.

Un cristiano debería invocar constantemente al Espíritu de Dios, sobre todo cuando necesita

hablar de los misterios de la Sagrada Escritura, cuando necesita orar, cuando dirige un grupo de

personas reunidas en nombre del Señor y/o simplemente en su diario vivir. Llenarse del Espíritu

Santo y a la luz de lo relatado por los Hechos de los Apóstoles, nos hace personas fuertes en todos

los sentidos, siendo condición necesaria para el deber evangelizador.

Pablo, lo señala: “¿No saben ustedes que son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en

ustedes?” (1 Corintios 3,16). Honrarlo apoyados por sus Dones y dando siempre gracias al Señor

por permitirnos el gozo de ellos; proclamar el evangelio, defender nuestra fe y nuestra Iglesia, y

realizar obras de misericordia en nombre de nuestro Señor Jesucristo.

El Espíritu Santo actúa sobre todo en la misión de nuestra Iglesia, testimoniando su obra divina,

pues es el mismo Dios quien la conduce; el guía que permite ir descubriendo nuevos campos de

acción y tareas a realizar.

Este es un misterio que puede ser algo difícil de comprender. Pero carece de relevancia, pues a

Dios no se le estudia, a Dios se le ama y basta con entender que es la fuerza que nos impulsa a

confesar a Cristo. Por ello, nadie puede decir “Jesucristo es el Señor”, si no es bajo la acción del

Espíritu Santo.

Hermanos, recurramos siempre a la oración invocando el Espíritu Santo y transmitamos este

misterio para que más personas puedan gozar de la maravillosa acción que hace en nuestros

corazones.








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